Curiosidades acerca de la función de relación

«Todo lo que enfrentamos desde el momento en que existimos – seres humanos, animales, flores, sus colores, aromas, frutas, sabores, planetas, estrellas, montañas, rocas, edificios, espacio – son percepciones que se nos presentan a través de los cinco sentidos. Para aclarar este punto un poco más, será de ayuda examinar los sentidos, los agentes que nos brindan la información sobre el mundo exterior.
Todas las facultades sensoriales del hombre – la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto – funcionan de la misma forma. Los estímulos (luces, sonidos, olores, sabores, texturas) de los objetos del mundo exterior son llevados a través de los nervios a los centros sensoriales del cerebro. Todos estos estímulos que llegan al cerebro consisten de señales eléctricas. Por ejemplo, durante el proceso de visión, los rayos de luz (o fotones) que irradian las fuentes del mundo exterior llegan a la retina del ojo y, mediante una serie de procesos, son transformados en señales eléctricas. Estas señales son transferidas por los nervios hacia el centro de visión del cerebro. Allí, se percibe un mundo colorido, brillante y tridimensional en un espacio de unos cuantos centímetros cúbicos.
El mismo sistema se aplica a los otros sentidos. Las células de la superficie de la lengua transforman los factores químicos en señales eléctricas que luego se convierten en sabores. Los olores se transforman en señales eléctricas gracias a las células del epitelio de la nariz. Debajo de la piel existen sensores especiales que transforman los impulsos táctiles (como las sensaciones de dureza o suavidad) en señales eléctricas, y un mecanismo especial en el oído hace lo mismo con el sonido. Todas estas señales son enviadas a los centros correspondientes del cerebro, donde son percibidas.
Para aclarar este punto, supongamos que usted bebe un vaso de limonada. La superficie dura y fría del vidrio que sostiene en la mano se transforma en señales eléctricas por medio de receptores especiales que están bajo la piel y son enviadas al cerebro. Al mismo tiempo, el olor de la limonada, su sabor, y su color característico se convierten en señales que llegan al cerebro. De igual manera, el ruido que produce el vaso al tocar la mesa es percibido por el oído y transmitido al cerebro como una señal eléctrica. Todas estas percepciones son interpretadas en los centros relevantes del cerebro, que trabajan armoniosamente unos con otros. Como resultado final de estos impulsos, usted percibe que está bebiendo un vaso de limonada.»

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